Aprende cómo actuar ante las rabietas infantiles para que se repitan pocas veces y duren lo mínimo posible.

Rabietas infantiles, ¿cómo actuar?

Aprende cómo actuar ante las rabietas infantiles para que se repitan pocas veces y duren lo mínimo posible

¿Quién no le teme a las rabietas de su hijo?

Las rabietas infantiles que aparecen sobre los 2 años es uno de los mayores temores que tenemos prácticamente todos los padres y todas las madres.

A los 2 años los niños ya comprenden muchísimo y tienen la necesidad de tomar decisiones y llevarlas a cabo.

Algunas de estas decisiones serán bien recibidas, pero otras no.

Y aquí es donde los niños van a aprender a gestionar su frustración.

Alrededor de los 2 años los niños y las niñas se enfrentan a la gestión de las emociones y tú eres su acompañante.

Por eso es importante que sepas cómo actuar ante las rabietas infantiles.

Primer paso para hacer frente a las rabietas: no mires el reloj y para el tiempo

Las rabietas infantiles aparecen de repente cuando peor te va, y esto no es casualidad.

De hecho, seguramente la explosión emocional aparece justo después de haber estado todos muy a gusto y en el momento de marcharos de un sitio.

¿Por qué ocurre?

A nosotros nos es muy fácil controlar el tiempo y saber cuándo tenemos que correr para llegar puntuales a un lugar y cuándo vamos con margen de sobras.

Mientras charlamos tranquilamente con alguien estando con los niños correteando por arriba y por abajo calculamos (consciente o inconscientemente) el tiempo que nos queda para marcharnos.

Este cálculo interno nos permite anticipar qué haremos en un rato y nos prepara para ir cambiando nuestro modo de actuar de una forma gradual.

Así nuestras emociones pasan de un estado relajado y donde no existe el reloj a un estado acelerado donde entran en juego el tiempo y las prisas.

Nosotros nos hemos podido preparar mentalmente para ello, pero nuestro hijo no.

De hecho, desde el punto de vista de un niño pequeño no tiene ningún sentido el cambio tan radical que supone disponer de todo el tiempo del mundo a cero patatero.

Por eso es importante que le des tiempo, aunque no hayas mostrado ninguna prisa.

Quizás tu hijo/a sí lo haya percibido así.

Darle tiempo dedicándole el 100% a él o ella ayudará a gestionar la emoción que se le acaba de despertar por dentro.

Ante las rabietas, agáchate para alinear tus ojos a su altura

Agáchate de verdad, no te inclines y ya está.

Si te inclinas entonces no habrás parado el tiempo, porque el niño sabe que no vas a estar mucho rato en una postura tan incómoda.

Tus gestos tienen que ayudar a transmitir esa tranquilidad que necesita tu hijo, y por eso es bueno que te acomodes y te agaches o te sientes cerca.

Además, de esta forma estaréis cara a cara y podréis relacionaros mejor.

Colocarte a su altura permite al niño sentir que es tratado como igual y que su punto de vista tiene el mismo valor que el tuyo.

Mantén cierta distancia física para gestionar las rabietas

Quieres que el niño aprenda a gestionar sus rabietas y para ello necesitas mantener cierta distancia física.

Primero ayúdale a parar el berrinche y a centrarse.

Y luego estate a su lado y acompáñale, pero no invadas su espacio personal más de lo habitual.

Este tercer punto es un tanto difícil porque cuando los niños lo pasan mal lo primero que nos sale es abrazarlos bien fuerte.

O si no hay abrazo, nos sale centrar su mirada en nosotros para que sepan que todo está bien.

Y esto no es malo de hacer, pero no ayuda a gestionar las emociones.

Este acercamiento sirve para calmar esa rabieta que arde por dentro, pero luego es bueno distanciarnos poco a poco para dejar que sea el mismo niño quien tome las riendas de sus emociones.

Si le das espacio físico a tu hijo entonces será él quien deberá aprender a frenar esas ganas de golpear por sí solo.

Cuando permites que sea él o ella quien maneje su cuerpo (y eso se consigue dando algo de distancia física) estás ayudando a aprender a calmar esa rabia.

Para transformar las rabietas premia sus silencios

La única forma que tiene tu hijo de dominar las rabitas es apaciguando ese sentimiento que le genera frustración.

Y esto lo puede conseguir gracias al silencio.

Cada vez que tu hijo se pare, aunque sea por un instante, sonríele.

O dile en palabras que eso sí que te gusta.

Dile “muy bien”, “así sí” o simplemente “gracias”.

Hazle saber que eso es lo que quieres, y muéstraselo con una sonrisa.

El silencio es el canal que permite al niño pasar un sentimiento de negativo a positivo.

Cuando tu hijo frena la rabieta es cuando tienes la oportunidad de ayudarle a entrar en razón.

Aunque sea por milésimas de segundo, esta sonrisa tuya le sirve de modelo de lo que le hará estar bien.

Si le sonríes le estás permitiendo a tu hijo que se agarre de nuevo a este estado de ánimo que sí le permite gestionar sus sentimientos.

Regula este tipo de premio de forma que tus palabras o gestos positivos aparezcan solo cuando el niño tome un respiro.

Es decir, que si al poco de sonreírle vuelve con las rabietas, corta en seco tus muestras de cariño y vuélvelas a introducir solamente cuando el niño retome la tranquilidad de nuevo.

Manteneos en el mismo lugar donde empezó la rabieta

El lugar donde el niño estalló con rabia representa el punto de inicio de un conflicto.

Y es allí donde empieza la relación con el sentimiento que ha generado impotencia y frustración.

Apartarse del lugar desde donde empezó el todo es una forma sutil de decirle al niño que para volver a estar bien hay que huir del sitio. 

Por eso es importante que os quedéis alrededor del lugar desde donde empezó todo.

De esta forma ayudas a tu hijo a aprender a solucionar los conflictos desde el inicio.

Y cuando sientas que es necesario cambiar de ambiente ¡hazlo!

Cambiar de aires es muy efectivo y una solución ideal para calmar las rabietas.

Pero luego volved allí donde se generó el conflicto.

Este acto hará que tu hijo aprenda a enfrentarse cara a cara con sus temores y frustraciones.

Para calmar las rabietas: baja el volumen de tu voz

Cuando el niño ya te puede escuchar es el momento de cambiar de tono.

Refresca tu estado respirando por dentro y habla flojo para que tu hijo deba poner atención a lo que le estás diciendo.

Y aunque grite, mantén el tono bajo.

Poco a poco irá bajando su volumen, no solamente para escucharte sino también por imitación (aspecto inevitable en cualquier persona).

Este hecho le ayudará a relajar y controlar mejor su frustración.

Aplica estos consejos para la gestión emocional de las rabietas con tu hijo y verás se irá reduciendo  su intensidad y cómo cada vez habrá menos.

¿Tienes dudas?

Comenta por aquí debajo y te ayudo a encontrar solución.

O bien escríbeme contando todo lo que te preocupa y te doy solución personalizada a tu caso.

Con una buena comunicación entre ambos todo es mucho mejor 🙂

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Un abrazo,

Cristina.

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