Lo que haría si mi hijo fuese superdotado

Ponte en el lugar de un niño superdotado y decide qué harías si tu hijo lo fuese

A raíz de la noticia que salió hace pocos días sobre Claudia, la niña granadina que con 2 años ya escribe poesía me planteo nuevamente qué haría yo si alguien me dijera que mi hijo es superdotado.

Y digo nuevamente porque en diferentes ocasiones me he ido encontrado con familias que tenían la sospecha de que su hijo lo era y con otras que ya tenían diagnóstico certero.

Esto me hace ver la situación de la siguiente forma.

Ser superdotado no es nada positivo

O por lo menos no es eso lo que me transmiten -sin decírmelo- todas estas familias.

Los niños con certamen de superdotación están sometidos a presión todo el tiempo. Se les exige muchísimo desde bien pequeños. Desde incluso antes de que empiecen a hablar.

Si ya de por sí tienen desarrollada una gran capacidad de memoria, el papel que se les pide a los padres es el de potenciar aún más esta capacidad.

Para mí esto es hipertrofiar la capacidad del niño.

Además, el tiempo que se le dedica a enseñarle más y más cosas se deja de destinar al juego libre, al silencio y al hecho de descubrir el mundo por uno mismo. Algo que a mí me parece imprescindible para el bienestar de cualquier persona, tenga la edad que tenga.

De hecho hace un tiempo expliqué cómo el juego permite evitar la sobreestimulación, y esto creo que es algo que deberíamos tener en cuenta con todos los niños. También con los niños superdotados.

No estamos preparados para convivir con niños superdotados

Esto es a nivel general, desde la escuela hasta la sociedad, pasando por los niños de su misma edad.

La escuela está preparada para enseñar a un ritmo mucho más pausado y de una forma distinta, desde donde se exploran diferentes vías para que el aprendizaje se quede.

Un niño superdotado como esta niña de Granada, al memorizarlo todo tan rápido difícilmente explorará nuevas formas de aprender, simplemente porque no las necesita.

Y no me refiero al aprendizaje memorístico (que es el que predomina en la escuela), sino al resto de inteligencias, especialmente las que conectan con la consciencia de uno mismo; esto es la inteligencia corporal/cinestésica o la inteligencia intrapersonal.

Tener diagnóstico de superdotado te prepara para la competición permanente

Lo que nos ocurre de pequeños es lo que nos queda grabado a fuego, como una verdad absoluta (que no tiene por qué ser cierta realmente).

Un niño superdotado no destaca a simple vista. Su cara no revela nada especial y por este motivo necesitamos demostrar que es cierto lo que decimos a los demás, que no nos estamos inventando nada. Es por esto que, para que no quede la más mínima duda, pedimos constantemente al pequeño que demuestre todo lo que sabe y así justificar nuestras palabras.

Eso hace que muchos de los niños superdotados crezcan creyendo ser “la persona más lista del mundo”, y de forma inconsciente esto repercute en la percepción que tienen de sí mismos: nadie les puede vencer.

Por ende, cuando descubren que hay más como ellos, necesitan seguir cumpliendo con el papel que se les asignó de pequeños (es la verdad absoluta con la que han crecido desde pequeños y forma parte de su pilar llamado “identidad”).

Tal vez conseguirán estar siempre arriba, pero lo más probable es que no. Porque cuando te comparas con personas con una característica idéntica a la tuya -la superdotación en este caso- es cuando dejas de destacar como lo hacías antes.

Lo que yo haría si mi hijo fuera superdotado

Por estos motivos, si un día alguien me dijera que mi hijo es superdotado le daría las gracias y buscaría cómo potenciar las habilidades en las que menos destacara, así como dejaría que descubriera por sí mismo la mayoría de las propuestas educativas.

Y dejaría que se aburriese, ¡por supuesto!

¿Y tú, te has planteado alguna vez qué harías si un día te dijeran que tu hijo es superdotado?

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