Leer de verdad es un acto de amor hacia uno mismo.

Leer de verdad

Escucharse y cuidarse para disfrutar leyendo

Leer de verdad es un acto de amor hacia uno mismo.

Es un mimo.

Leer de verdad es igual a contarnos historias a nuestro ritmo.

Y respetar qué queremos hacer en cada momento.

Leer de verdad es atender nuestras ganas de más o de menos. Y también nuestras pausas.

También es permitirnos imaginar ser otras personas, vivir otras realidades.

Y aventurarnos a ser distintos.

Leer de verdad es pasárselo bien con uno mismo.

Querer leer es como querer correr o bailar.
Es una elección que sale desde dentro.

Reír porque sí, sin buscar la complicidad de nadie más.

Querer leer cuando aun se está aprendiendo es posible mientras haya reto.

El reto de descifrar cada vez más palabras, y entonces imaginar cada vez más y más tramas por vivir.

Pero si el reto de descubrir la lectura de verdad desaparece, querer aprender a leer ya no tiene gracia.

Y por eso a menudo se esfuman las ganas de aprender a leer.

Si lo que buscas es que tu hijo quiera leer un libro, empieza por no forzar la situación.

Para conseguir que tu hijo disfrute leyendo él debe tomar las riendas.

Y tu papel consiste en facilitarle el camino para encontrar las aventuras y vivirlas si así lo desea.

De no ser así, la lectura será impuesta, y la imposición será recibida como un ataque hacia la toma de decisiones.

Y entonces se esfumarán las ganas de volverlo a intentar.

Un niño o una niña que abre un libro y lo devora es un niño feliz.

Y devora el libro porque sabe que, en el fondo, puede hacer con él lo que le de la gana.

Porque pone por delante su imaginación y sus ideas.

Y distingue algo que a menudo es difícil diferenciar: que la lectura obligada tiene normas y la lectura libre está libre de obligaciones.

Un niño que lee con ganas confía en que nadie le juzgará por abandonar una lectura o por estar en desacuerdo con las decisiones del protagonista.

La lectura real solo se consigue después de un proceso largo de aprendizaje.

Así que si hay avance, si hay reto, no insistas.

Y entonces poco a poco llegará el momento de permitirse el lujo de escucharse y disfrutar de la lectura.

¿Y si no hay reto nuevo?

Entonces ocurre que el niño se aburre o se frustra y no lee. No quiere.

No quiere aprender a leer porque ya no tiene gracia.

Por eso yo te digo…

¡Facilítale nuevos retos que superar!

Y le apetecerá de nuevo querer aprender a leer.

Este sábado día 30 de marzo empiezo un ciclo de charlas (1/4) para hablarte de ello.

Estaré en directo y las charlas quedarán grabadas, por si no puedes asistir.

¿Te vienes?

Espero verte por allí 🙂

Un saludo,

Cristina.

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