Cómo calmar el llanto sin el recurso de la teta

Qué alternativas a tomar pecho sirven tranquilizarse y mantener la calma en los más pequeños

Hace una semana mi hijo, de 1 año y 4 meses, se hizo una quemadura en el
brazo
del tamaño de una cereza bien gorda.

En el médico nos dijeron que esa quemadura corresponde a segundo grado (habiendo de grado 1, 2 y 3).

Eso duele mucho y más aún a los niños pequeños, no solo porque tienen la piel más delicada sino porque desconocen el significado de la palabra “quemarse” si nunca antes les ha pasado nada semejante, como fue en nuestro caso.

Aquel día no había posibilidad de calmarse tomando pecho, pero aun así el llanto paró en cosa de pocos minutos gracias a estrategias para aprender a
gestionar las emociones que hemos ido incorporando desde que Roure es muy pequeño.

Mi hijo no ha vuelto a llorar por esa quemadura, tampoco cuando vamos a hacer las curas en el CAP.

Ir allí no tiene ninguna connotación negativa para él aunque más de una vez le
hayan hecho daño
, como ha ocurrido cada vez que le han puesto una vacuna.

Sé que esto que cuento no se debe a suerte ni a casualidad; detrás de su tranquilidad ante este tipo de situaciones hay un entrenamiento previo que le proporciona seguridad y estabilidad emocional.

Me gustaría que tu hijo también entrara a la consulta contento, tuviera
curiosidad cuando le exploraran y además estuviera tranquilo en todo momento.

Por eso hoy te explico qué es lo que a mi me funciona para conseguir tranquilizarse y mantener la calma ante situaciones estresantes y desconocidas.

Explico todo esto sin tener en cuenta los superpoderes de la leche materna. Obviamente si le estás dando pecho y tienes posibilidad de ofrecerle calma con tu leche, adelante 😉

Transmitir tranquilidad para calmar el llanto

Esto es muy importante. Si tu no estás tranquila qué más da el resto. Mientras no consigas calmarte tú no le puedes pedir a tu hijo que deje de llorar.

¿Cómo consigo estar tranquila cuando el niño se acaba de hacer un daño que hasta a mi me duele?

Primero de todo he de decirte que hay mucho entrenamiento antes de llegar a una situación tan estresante como es el momento en que tu hijo se acaba de hacer muchísimo daño.

Algo que me funciona es dar utilidad lógica a cada una de las partes del cuerpo que estoy utilizando en el momento. Intento separar mentalmentelas partes de mi cuerpo para usar a conciencia solamente las que necesito de veras; aquellas que me serán útiles a la práctica.

Me explico mejor con un ejemplo:

Imagina que coges al niño en brazos y quieres mirar qué le ha ocurrido (quemadura en este caso): el niño no se deja y aparta el brazo.

Instintivamente me saldría cogerle el brazo y llevarlo hacia mí a la fuerza para que luego mi hijo me muestre dónde le duele exactamente.

Pero esto no es lo que hago.

En vez de lo contado anteriormente, lo que hago es seleccionar qué parte de mí puede atraer ese brazo sin traérmelo a la fuerza (es decir, que en la medida que sea posible ese brazo tiene que
acercarse a mí por iniciativa del niño).

Así es como me concentro en hacer algo útil para el niño (y para mí también).

Entonces, después de que el niño haya apartado el brazo me pregunto a qué parte de mí le toca coger el papel de “educador”. A la mano no le corresponde ese papel, porque con la mano lo que haría sería forzar.

Como tengo a mi hijo en brazos utilizo la cadera; la muevo acercando al niño hacia mí a modo de balanceo. Este gesto invita a acercarnos más sin necesidad de decirle nada y facilita que me preste más atención.

Al gesto de la cadera añado una inclinación de cabeza con
una sonrisa y mirada calmada
. Entonces ahí es cando le pido que me
enseñe
su brazo. Y espero pacientemente a que reaccione y tome la decisión.

Que me lo enseña: bien. Que no me lo enseña: repito esta acción
y busco más movimiento con el cuerpo (por ejemplo, añado arquear un poco la espalda) para acompañarle a que me atienda.

El hecho es que voy incorporando poco a poco movimientos con el cuerpo por mi parte para que e la toma de decisión de mi hijo sea con el menor número posible de gestos míos. Así esa decisión será más elegida por su parte y estará menos sugestionada.

Este ejemplo sirve no solamente para el momento de crisis, sino también para otros momentos cualquiera.

Como ves, el hecho de estar concentrada en ofrecer mi ayuda lo mínimo
imprescindible
(con el acompañamiento del cuerpo) me facilita mucho dejar
de un lado el sufrimiento y la pena
porque mi hijo se haya hecho daño.

Yo estoy concentrada en mi objetivo principal, que es el de educar y criar a mi hijo y los momentos críticos son los que requieren más de mi atención.

Dar nombre a todo lo que ocurre a su alrededor

Esto es muy importante porque permite al niño entender mejor qué está ocurriendo.

Le pone en contexto y eso le da más tranquilidad.

Y sirve tanto para conceptos que ya conoce el niño como para nueva información con la que todavía no se había encontrado.

Hablé de esto de dar nombre a todo lo que ocurre en este post que te enlazo por aquí.

Lo más importante que debes tener en cuenta aquí es que cuando estás viviendo un momento de crisis no tienes que alargarte con las explicaciones.

Cuando hay dolor y sufrimiento la información no llega de la misma forma que cuando estamos tranquilos, así que es momento de hablar claro y conciso.

Le daremos el nombre de lo que ha ocurrido y como mucho añadiremos que eso duele y que estamos ahí para ayudarle.

En mi caso yo le dije “te has quemado y eso duele”.

En ese momento están viviendo intensamente el dolor, y lo que le digas tendrá más impacto que lo que le digas cuando llegue la calma, así que es el momento idóneo para repetirle la palabra que quieres que memorice.

No te cortes en repetirle tantas veces como consideres lo que quieres que aprendaY ten presente que su dolor se reducirá si sabe cómo se llama lo que le acaba de ocurrir.

Saber ponerle palabras le calmará y además le servirá para recordar mejor lo que le ocurrió. Esto os irá muy bien cuando os encontréis de nuevo con situaciones similares.

Usar las palabras “se acabó” para calmar el llanto

Estas dos palabras formarán parte del repertorio de palabras de las que debemos respetar su significado desde el principio hasta el final.

Y con respetar me refiero a hacer con ellas un uso coherente SIEMPRE. Es
decir, que si yo le digo a mi hijo que “se acabó”, esto va a ser así en
todos los casos y sin excepción.

De lo contrario, si a veces un “se acabó” significa “se acabó” y otras no, entonces la coherencia se pierde y el sentido de esta palabra pierde poder.

Y es que gracias a esta coherencia que hemos respetado en todo momento con las palabras “se acabó” mi hijo sabía perfectamente su significado y no tenía ninguna duda de que si yo le decía esto es que realmente ya pasó.

Así que cuando le dije “se acabó”, entendió rapidísimo que lo que le provocó el
dolor ya había desaparecido.

Evidentemente lo entendió rápido porque añadimos más palabras. En este caso le dije algo así como “te has quemado, ahora te duele, pero ya se acabó”.

Lo mismo hemos hecho con cada una de las vacunas que le han puesto, de modo que ya desde la primera vacuna hemos practicado este proceso (dolor – se acabó = no va a haber más dolor).

Gracias a este entrenamiento Roure puede controlar mejor lo que ocurre a su alrededor -aunque no entienda el por qué- y además confía plenamente en nosotras, sus madres, ya que siempre hemos sido coherentes con las palabras que hemos usado con él.

 

Espero que estos tres ejemplos te sirvan de inspiración para vivir una crianza más tranquila y acorde con tu forma de sentir.

 

Un abrazo, 

Cristina.

 

Add A Comment