Admítelo, eres más inteligente que tu madre.

Esta es la frase que se me repetía una y otra vez ayer.

Necesitaba escribirla y lo hice en un papel, pero no fue suficiente.

La escribí más veces, pero tampoco.

Me gusta escribir y de vez en cuando me aparece la necesidad.

Es la necesidad de contar esos descubrimientos que tiene una con sus filosofadas.

Pues esta, para mí, es de las gordas. Porque nunca antes había tenido esa vocecilla hablándome tan insistentemente y tan fuerte diciéndome todo el rato lo mismo: admítelo: eres más inteligente que tu abuela y que tu madre.

Y me cuesta soltarlo por aquí porque no lo he puesto nunca antes en palabras y me gustaría que no se me malinterpretara.

He visto que la maternidad despierta el instinto, la intuición.

Y que la crianza es la forma de usar esa intuición de madre.

Criar un niño no es más que poner en práctica esa intuición…

Pero a ver, un momento… que corto el rollo…

¿Intuición?

¡¿Eso que es?!

¿Existe de verdad?

Pues sí, almenos para mí.

La intuición sí existe, pero está escondida.

No nos han enseñado a escucharla. Nos es muy difícil detectarla y más aún usarla.

Todo lo contrario que nuestras abuelas. Ellas recibieron menos educación formal y por eso tuvieron la oportunidad de usar su intuición.

Por eso son tan sabias.

De vez en cuando admiro la ignorancia y ahora sé por qué.

No porque sea buena, sino porque abre las puertas a la intuición.

Cuando no sabes, tiras de lo que te dicta el corazón y punto pelota.

La inteligencia puede ser peligrosa, la intuición también pero quizás no tanto.

Quizás es que no sabemos usar la intuición y por eso la vemos peligrosa y desconfiamos de ella.

Y tiramos de inteligencia con todo.

Y pedimos consejo por todo.

Y dudamos en todo lo que hacemos en esta vida, especialmente lo que hacemos como madres.

Y entramos en el bucle absurdo que se crea cuando quedan enfrentadas Inteligencia e Intuición.

Una contra la otra formando combates es-pec-ta-cu-la-res.

Como si solamente pudiera ganar una.

Como si no fuesen compatibles.

Qué manía tenemos en poner siempre por delante una sola verdad…

Qué manía en buscar la respuesta en los libros y en lo que nos digan los demás.

Qué manía en buscar al maestro (llámese Google o amiga de toda la vida) para pedirle permiso para todo, pensando que sí sabrá la verdad.

Que la inteligencia es genial, pero por favor, úsala con moderación, que tenemos de sobras y está muy mal repartida.

Admítelo, eres más inteligente que tu madre y te toca desaprender para ser feliz y enseñar, con el ejemplo, a ser feliz a tus hijos.

Pero esto que te digo es tan solo una opinión de un día de septiembre a pocas horas de empezar el nuevo curso escolar.

Haz con ella lo que más te plazca.

Un abrazo,

Cristina.

Add A Comment